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Fango y podredumbre es la presa El Cajón

El Occidental
26 de febrero de 2012

 

Francisco Aguiar Barajas

Fétidos olores, basura de todo tipo y los consiguientes riesgos para la salud, enfrentan los habitantes de las colonias El Refugio del Valle, Quinta Las Garzas y La Azucena, en Tlajomulco; San José del Quince, Quinta Las Garzas y Flores Magón, en El Salto, ante el crecimiento de los niveles de agua de la Presa el Cajón, a raíz de la lluvia atípica que se dejó sentir en días pasados en buena parte del centro del país.

El entorno es deprimente, de suciedad, basura por doquier, en cuyas aguas flotan cientos de botellas de plástico, bolsa del mismo material, cartón, papel, llantas, desvencijados muebles, botes de todo tipo e inmundicia. El agua estancada provoca fétidos olores, tufos que se perciben cientos de metros antes de llegar al estanque cuyas aguas verdosas son remanso para decenas de ganado vacuno que ahí pasta.

Lo grave para don Elías Gutiérrez, quien vive a escasos metros de la presa, es que son animales cuya leche se vende sin control sanitario; “sabrá Dios qué es lo que comen los animales y mucho menos qué contiene la leche que tomamos”, comenta mientras trabaja en una ladrillera.

“De algo nos vamos a morir -bromea- aunque dicen los que saben que la aparición de casos de cáncer se han multiplicado a causa de la contaminación de esta agua, que le llegan desechos de todo tipo. Los que no se preocupan por ello son los animales, porque tienen qué comer de sobra”, advierte a reportero y fotógrafo.

Se niega a que le tomen la foto, ante el riesgo “de que se rompa la cámara. Platicamos de lo que quiera, pero sin fotos, no tiene caso”, se justifica.

A pocos metros se observa una manada de vacas que pasta tranquilamente, cuyo nivel de agua le llega casi al lomo. “Beben de esa agua contaminada y comen desechos de todo tipo, porque no hay control. No es raro que las vacas mueran a causa de lo que ingieren y nosotros también, porque los controles de salubridad en estos animales no los hay”, insiste el hombre, mientras apila cientos de adobes para la quema de lo que transforma en ladrillos.

Demanda la intervención no sólo de la Secretaría de Salud, sino de las autoridades que controlan y vigilan el agua porque, a su juicio, las aguas de la presa son una cloaca y un riesgo para quienes viven en su entorno y aunque Elías -como dijo llamarse-, acepta que de algo se va a morir, pide que no sea a causa de la contaminación en donde vive.

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