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Olfato ciudadano

Olfato ciudadanoViernes, 3 Febrero 2012 por Guadalupe Morfín

 

Un 3 de febrero, de 1953, mis papás se dieron el sí que les duró 27 años. De ahí nacimos vivos 13 hijos. Mi papá tuvo el descaro de morirse hace casi 32 años, pero los manteles familiares siguieron convocando a la risa gracias a mi mamá, que ha mantenido vivos los fogones, por su capacidad de escuchar y conversar hasta de teología, agujeros negros y el big bang. Por esta vía la abrazo. Wislawa Szymborska, poeta de lo entrañable, antier fallecida, se preguntaba: “Un amor feliz. ¿Es necesario?”. Más que nunca, brille su testimonio. El de mis padres, el de la poeta.
En febrero cumplirá años también Guadalajara, cuyos titubeos iniciales terminaron con la determinación de doña Beatriz Hernández para darle sitio definitivo. Ojalá la Ciudad Digital anunciada aquí por el Presidente Calderón ponga fin al titubeante zigzagueo en que se ha traído la zona del Parque Morelos y sea signo de una firme voluntad de propiciar en nuestra ciudad y cada una de sus zonas, un poblamiento y desarrollo social que ofrezca alternativa a la inseguridad y a la proliferación de actividades ilegales, que brotan donde no hay de otra para ganarse la vida, como la venta de medicinas caducadas o placebos, o el narcomenudeo cuyos protagonistas se mueven como los mandamases de esquina a esquina y son identificables con un mínimo de olfato ciudadano. Olfato que no tuvo el juez federal que amparó al señor argentino de apellido Martins, denunciado por su hija como tratante de mujeres para explotación sexual en Cancún, Tijuana, Playa del Carmen y otros lugares. No hay mejor forma de volver habitables las ciudades que poblarlas de un nosotros terco en recorrer sus calles y adueñarse de sus plazas, un nosotros secundado por los poderes constituidos: diputados, jueces, gobernadores y demás encargados de obedecer la Constitución para que podamos constituirnos y reconstituirnos una y otra vez como comunidad de personas capaces de convivir en paz.
José Antonio Abreu tuvo la genial idea, gracias a su oído y olfato, musical y ciudadano, de crear en 1975 en Venezuela la Fundación Musical “Simón Bolívar”, ahora convertida en un sistema de orquestas reunidas en torno al Centro de Acción Social por la Música. De esto escribe Sergio Padilla Moreno en Magis, revista del Iteso (http://www.magis.iteso.mx/content/milagro-venezolano) en un artículo muy recomendable para recuperar la esperanza en que es posible intervenir con inteligencia en los barrios más violentos latinoamericanos, pues el arte alimenta proyectos de vida ahí donde parecería irrecuperable el aliento para miles de niños y jóvenes. Ya quisiera yo que ese juez federal que mantiene tranquilito al señor Martins tuviera la mitad del fino olfato del maestro Abreu. La política es cosa de olfato; de sacar a la luz lo sórdido y ventilarlo, para que lo escondido pueda oler bien y recuperemos la seguridad. Es cosa de volar alto con el arte. Abreu hace política. Y sí, volviendo a Szymborska, un amor feliz, es necesario.

 

http://opinion.informador.com.mx/Rotonda/2012/02/03/olfato-ciudadano/

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